CADENA DE VALOR DE NEGOCIO FARMACÉUTICO: EL ANTIBIÓTICO

 Uno de los ejemplos más comunes de negocio farmacéutico y de la salud son los antibióticos. Los antibióticos son medicamentos que ayudan a combatir infecciones causadas por bacterias eliminando dichas bacterias o dificultando su crecimiento y/o reproducción. Además, se utilizan tanto en seres humanos como en animales, por lo tanto, nos encontramos ante un tipo de negocio muy amplio que puede derivarse a distintos sectores como la medicina general, la odontología o la veterinaria entre muchos otros.

Como se ha mencionado, al ser el antibiótico un fármaco que podrá ser aplicado tanto a personas como a animales, existen varias actividades y funciones que éstos pueden desempeñar, por lo que aporta un gran valor a la sociedad, no solo en cuanto a la mejora y avance la medicina y la ciencia, sino a la propia salud de las personas ayudando a soportar mejor el dolor, a combatir enfermedades y a aliviar las molestias causadas por infecciones que pueden generar malestar y derivar en casos más graves. Lo mismo sucede en el caso de los animales, tanto para los domésticos cuando éstos se recetan en clínicas veterinarias “ordinarias”, como su uso en zoos, reservas naturales o cualquier otro ámbito en el que se trabaje por la protección de los animales así como por la conservación de las especies.

Este negocio va desarrollando su cadena de valor en función de las necesidades y los avances que va logrando la medicina y la ciencia año tras año, es decir, cuando nacieron los primeros antibióticos (con el descubrimiento de la penicilina por A. Fleming) únicamente estaban diseñados para combatir un número limitado de infecciones o dolencias mientras que, en la actualidad, se han desarrollado tantos tipos de antibiótico como dolencias puedan existir. Por ejemplo, algunos de los más comunes son la ampicilina, que trata infecciones del oído, la boca o respiratorias;  la amoxicilina, para la garganta o la nariz; o la penicilina, para meningitis, faringitis u otitis entre otros.

De esta manera encontramos actividades especializadas dentro del propio negocio que se diferencian según la finalidad que vayan a tratar; del mismo modo que se diferencian en clases según sus propiedades y su estructura química. De este modo, no solo nace y crece la amplia tipología de antibióticos sino también el sector en el que se desenvuelve: las empresas o laboratorios que lo investigan, lo desarrollan y, finalmente, lo lanzan al mercado para obtener una rentabilidad con ello, financiarse y obtener beneficios.

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